
Cada día amanezco pensando en cuantas horas mas tardare en encontrarte, querida. Intento apaciguar cada tic-tac que me agrega un segundo mas de vida... y un segundo menos también, ya que los siento vacíos sin ti. Luego de despertar, me visto apresuradamente, no me apetece gastar mas tiempo en cosas rutinarias, y vacías, salgo a la calle, me siento al pie de un árbol y me propongo dialogar con una hoja, una simple hoja marchita que me trae noticias tuyas, ella me cuenta que estas bien, que eres feliz, que tus ojos siguen brillando así como yo los conocía. También intenta hacerme entender diariamente, que debo relajarme, el viento nunca me olvida, el sabe que mi soledad no se saciara con un trozo de follaje de una planta, por mas bella y compañera que sea, pero me tranquiliza, me dice que algún día la brisa te traerá a mi, sacudiendo tu pelo y arrastrando tu aroma.
Ya llevo esperándote mas de un mes, impaciente, un mes no se compara con la eterna soledad de no tenerte conmigo el día de mañana. Pero hoy es el gran día... ¿acaso quedare perplejo ante tu sonrisa? ¿Acaso cada caricia soñada por mi imaginación, aliada mía durante este tiempo, será realidad y me quitara esos fríos escalofríos para agregarle tiernas pasiones a mi vida? Siento que estoy listo para ser feliz a tu lado, ¿Pero realmente alcanza con el deseo propio? te creo cuando me decís que me queres, realmente mi preocupación es... ¿cuantos mas te quieren? ¿Seré mejor que todos ellos? soy fiel a que la respuesta será un simple si.
Te espero, ven, estoy al pie de la madre naturaleza.
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